jueves, 9 de junio de 2016

Sueños desvanecidos y occidentalismo desbocado


¿Por qué tu sueño no es ser un pescador artesanal? ¿Por qué no aspiras a vender verduras en el mercado? ¿Por qué todo lo que queremos ser debe pasar por la Universidad y la Academia? ¿En qué momento decidiste no ser astronauta? ¿Cuándo te dijeron que no tenías talento para ser deportista? ¿Dónde aprendiste que no puedes disfrutar de servir el café, de barrer, de podar plantas, de vender alfombras, de tejer ponchos, de pintar cuadros?


Todos nuestros sueños se han ido arruinando, destruyendo, vamos entrando en una interfaz de realidad pesada y pesimista, hiperrealista, donde todo lo que hemos deseado alguna vez se mide por nuestra posibilidades de encontrar un "trabajo estable". Un trabajo que en un par de años te permita rentar tu propio departamento, tener la capacidad de endeudarte por un vehículo, "subir el nivel" de salidas con tus amistades, poder comprarte ropa cada vez más costosa, tener un refrigerador más grande, un televisor enorme con cada vez más efectos especiales, un sistema de sonido más envolvente, un plan de celular con más minutos y con más megas, y un celular que sea capaz hasta de lavarte los dientes. 

Cuando niños nos enseñan que existen profesiones y oficios. Nos enseñan que los oficios te mantienen pobre y que las profesiones te permiten tener un alto nivel de vida, con esas palabras dulces como que podrás "ser alguien en la vida", "retribuir a tus padres", cambiar tu auto seguido, tener una casa grande. 

Nos enseñan que debemos estudiar, pero no es un estudio libre, no es hacer experimentos en casa y apuntar cosas fantásticas, no es pintar creativamente el mundo que estamos imaginando, no es sobre salir después de la lluvia y escribir sobre lo que sientes al ver el arcoiris, no es percibir la tormenta, no es un estudio abierto y feliz. Es el estudio universal y estandarizado, el estudio de cumplir objetivos de aprendizaje de acuerdo a una escala de medición en la que se supone que tus calificaciones distribuyen normal-estándar. 

Nos enseñan que debemos cumplir con cierta cantidad de horas en clases. No importa que en los últimos veinte minutos no estemos haciendo nada "productivo", no importa que el profesor haya faltado y sólo estemos jugando a tirarnos papelitos. Debemos cumplir ese horario, porque es el horario que la escuela le indicó a los padres y apoderados, y es el horario en el que éstos pueden hacerse cargo de ti, ya que al mismo tiempo ellos cumplen cierta cantidad de horas en una jornada laboral promedio. 


Nos enseñan que no debemos estudiar teatro, porque no tendrás trabajo. Nos enseñan que no podemos ser músicos, porque tendremos que vivir tocando en las orillas del metro. Nos enseñan que no podemos ser deportistas, porque el país sólo apoya a los que destacan en fútbol aunque sean ebrios y no sepan escribir su propio nombre. Nos enseñan que hay demasiados en cierta profesión, nos enseñan que el mercado está copado. Nos enseñan que si quieres ser artista tu máxima aspiración será hacer retratos rápidos en la plaza de armas. Nunca nos mostraron las alternativas, nunca entendimos que si todos esos oficios están prohibidos, porqué entonces vemos en los libros y los billetes y en los nombres de las calles a pintores y escritores.

Nos hablan de la felicidad como un estado al que llegas a eso de los cuarenta años, cuando usas ropa formal, tienes una piscina en tu patio y tu casa es enorme

En ningún momento nos enseñan a ser felices, nos hablan de la felicidad como un estado al que llegas a eso de los cuarenta años, cuando usas ropa formal, tienes una piscina en tu patio, tu casa es enorme, tienes ISAPRE, te has casado, tienes varios hijos que pusiste en un colegio top, "le das trabajo a los pobres que no estudiaron", pagas muchos impuestos, tienes una casa en la playa, tienes un quincho bonito donde preparas carne asada los fines de semana, y por supuesto vas al gimnasio de moda. Por supuesto que viajarás, y conocerás todos los destinos que los occidentales te han enseñado a desear: Disneylandia, el coliseo romano, la torre de Pisa, las pirámides de Egipto, y cómo olvidar las vacaciones en Isla de Pascua. Tu crédito universitario ya habrá estado pagado, pero tu casa, tu auto nuevo, las reparaciones, etc. están en crédito aún. Por eso deberás trabajar más, negociar más, no ver a tu familia y conformarte con compartir con ellos en los feriados. Aunque seas alguien que ellos ya no conocen, creerás que les enseñas a ser como tú y que es lo correcto. Me gustaría saber si eso es la felicidad, por qué esas personas no son felices. Por qué fuman con tanta desesperación y buscan formas de escapar de sus aburridas vidas. Todo lo que le dan a sus hijos tiende a transformarse en bienes materiales. 

En este occidentalismo desbocado, nos enseñan que existen los trabajos indignos, que trabajar haciendo aseo, por ejemplo, es algo espantoso, y ni hablar de ser vendedor de algo porque ahí si que ya no tienes dignidad. Nos enseñan que nada bueno puede ser barato, que los panoramas gratis "son de rotos". Te enseñan que los obreros son personas mediocres y que las nanas hacen un trabajo que no tiene valor. Te enseñan a sentir lástima por quienes no son profesionales, por quienes prefieren cortar el cabello a las personas en lugar de ir a la Universidad. Te enseñan que cuando tengas suficiente dinero podrás mirar al resto hacia abajo como si eso fuera la mejor sensación del mundo. Te enseñan a no retirar tu bandeja de comida para darle trabajo al que hace aseo, como si ser maleducado fuese una especie de obra de caridad. Ese mismo tipo de caridad que tienes al pagarle a alguien por su trabajo. Y tendrás un lugar en el cielo si además le regalas, por ejemplo, un sillón que ya no vas a usar.

Nos enseñan a dejar partir nuestros sueños de manera inexorable, sin que nos preguntaran deciden y trazan nuestro destino, creando pequeñas ovejitas dóciles, adaptadas a un sistema que pronto nos endeudará hasta el día de nuestra muerte. 

Nunca te dicen que las personas más felices del mundo son peluqueros y bomberos, nunca te enseñan que en este planeta los recursos son limitados, que son los vehículos particulares los que generan los problemas de tráfico, que contaminamos más, que ensuciamos más, que mientras tú subes tu estándar de vida no necesariamente aumentas tu bienestar, que mayor consumo no es mayor felicidad, que hay mil formas de viajar, que puedes cambiar de profesión o de carrera o de oficio, que puedes comprar ahorrando y no sólo endeudándote. No permitas que tus sueños sean desvanecidos en el tiempo, en la rutina, en el horario, en la congoja, en conformarte con un trabajo estable porque estás extremadamente endeudado. No permitas que tu vida se trate de reclamar en facebook por el precio de la gasolina o del tag. No permitas que tu lectura se encierre en una columna del mercurio, que tu interacción social se reduzca a twitter. Nunca te conviertas en esa persona odiosa de la fila que cree que todo debe ser inmediato y a su gusto porque para eso está pagando. No te des permiso de abandonar tu esencia, lo que deseas siendo niño por el "hiperrealismo" de los adultos. La vida real la construyes tú mismo, si trabajas en una oficina no te dejes contaminar por los chismes, el afteroffice y hacer todo lo que otros hacen. Busca tus propios hábitos, gustos, sabores, colores y experiencias. La vida simplemente se trata de las experiencias que vives y las que le haces sentir a los demás.



En esta interfaz urbana, despidámonos del occidentalismo desbocado. Démosle la bienvenida a los sueños. 


Milza López


Milza López Web Developer

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